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SERIE
Anatomía
Todas las piezas de la serie en un único documento, en orden de lectura. Actualizado el 28 de septiembre de 2026.
Tomamos un artículo o una entrevista que ha dado que hablar y verificamos cada afirmación con las fuentes: qué es cierto, qué está distorsionado, qué falta.
1/2 · ANÁLISIS · 27 de septiembre de 2026
Anatomía de una alarma: drones rusos, una fuente anónima y dos relatos sin pruebas
Los hechos
La mañana del 24 de septiembre un diario español anuncia que Rusia estaría preparando un ataque con drones contra Italia, Francia o España, lanzados desde buques mercantes en el Mediterráneo. En pocas horas la noticia recorre Europa, y antes de la noche dos de los tres gobiernos señalados la han desmentido. Al día siguiente otro diario, en Italia, la usa como prueba de lo contrario: no sería Rusia, sino un aliado de la OTAN quien fabricaría falsas alarmas para arrastrarnos a la guerra.
Este artículo no pretende establecer quién tiene razón sobre Moscú. Intenta algo más sencillo y más raro: poner lado a lado lo que está documentado y lo que no lo está, y aplicar a los dos relatos opuestos la misma vara de medir.
El 24 de septiembre de 2026 El Mundo, en un artículo de Xavier Colás, escribió que la inteligencia estadounidense habría compartido con algunos gobiernos europeos una alerta sobre una posible operación rusa con drones contra España, Francia o Italia. Según el periódico, un informe de la CIA habría circulado entre las cancillerías europeas en agosto, poco después de la visita sorpresa del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú el 25 de agosto. El viaje está documentado; su contenido no se ha hecho público.
El escenario descrito es preciso: drones Gerbera de unos dos metros de largo, con una autonomía de hasta 600 kilómetros y 4-5 kilos de explosivo, ocultos en contenedores en buques comerciales y lanzados a 200-300 kilómetros de la costa, no para destruir sino para cerrar durante unas horas un puerto o un aeropuerto. Se citan dos fuentes: fuentes anónimas vinculadas al Ministerio de Defensa lituano y «varios analistas de defensa» que dicen conocer el informe. No se ha mostrado ningún documento.
Las respuestas de los gobiernos
En Italia, el ministro de Defensa Guido Crosetto escribió ese mismo día que la alarma «no sirve a nadie y no encuentra confirmación alguna», e instó a no echar «más leña al fuego». El 25 de septiembre fue más tajante: «No existe, no nos consta y tampoco les consta a los demás gobiernos aludidos». El ministro de Exteriores Antonio Tajani dijo que no hay «ninguna confirmación» y que los italianos no deben temer ataques militares rusos.
En Francia, la noche del 24 de septiembre, en directo en TF1 y France 2, el presidente Emmanuel Macron dijo que «esta información la podemos desmentir»: la CIA no informó a Francia. En la misma entrevista, sin embargo, calificó la situación de «inquietante» y consideró creíble que Francia sufra un ataque similar al de Leipzig, del que se habla más abajo.
El Ministerio de Defensa español, consultado por Euronews, no hizo comentarios. No constan declaraciones públicas ni de la CIA ni del gobierno lituano. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo que la amenaza rusa «existe y es de largo plazo» y pidió a los europeos que mantengan la calma.
En síntesis: nadie ha mostrado el informe citado, y dos de los tres gobiernos señalados como destinatarios afirman no haberlo recibido nunca.
El contexto: qué está documentado
La alarma no surge de la nada. En las semanas anteriores hubo en Europa episodios reales, y muy distintos entre sí.
Leipzig, 4 de agosto de 2026. La noche del 4 de agosto, en el aeropuerto de Leipzig-Halle, se encontró cerca de un avión de carga ucraniano un dron que llevaba montados, según la Fiscalía Federal alemana, «explosivo profesional y un detonador». El artefacto no explotó. Un avión de carga obligado a abortar el aterrizaje chocó en vuelo con un objeto, presumiblemente un segundo dron. No hubo víctimas. El 6 de agosto la Fiscalía Federal asumió la investigación y habló de un «grave ataque» contra las infraestructuras de transporte, sin señalar sospechosos ni Estados.
El 1 de septiembre, el ministro del Interior Alexander Dobrindt y el ministro de Exteriores Johann Wadephul atribuyeron formalmente el ataque a Rusia. Según Dobrindt, «en conjunto, las investigaciones policiales, los patrones de los delitos y los hallazgos de inteligencia establecen la responsabilidad rusa». Conviene, sin embargo, distinguir qué parte de esta atribución es pública y cuál no.
Es pública la descripción del artefacto. Dobrindt dijo que la configuración del dron, sus componentes, el explosivo y la técnica de detonación coinciden con operaciones rusas ya conocidas, y señaló como rasgos típicos el alto nivel técnico y el uso de «agentes de bajo nivel» para encubrir a los responsables. Son indicios de método, no pruebas directas de quién dio la orden.
Otros elementos solo han circulado en la prensa, a partir de fuentes anónimas. Una fuente de inteligencia estadounidense dijo a ABC News, el 26 de agosto, que el explosivo y la estructura del dron son «típicos» del GRU, la inteligencia militar rusa. La ZDF informó de dos sospechosos con vínculos con Rusia, hoy en paradero desconocido. La prensa alemana habló de rastros de ADN que llevarían a un atentado de 2024 en el mismo aeropuerto, sin confirmación oficial.
La parte decisiva sigue siendo reservada: los hallazgos de inteligencia citados por el gobierno, la identidad de la persona que se cree vinculada a los servicios rusos, las actuaciones de la investigación. Fuentes de seguridad explicaron a la ARD que «no todo puede hacerse público mientras la red detrás del intento siga activa». No consta ninguna detención. Moscú lo rechaza todo: el servicio de inteligencia exterior ruso acusó a Berlín de haber sacado conclusiones «sin siquiera esperar los resultados preliminares de la investigación», y Putin habló de pruebas fabricadas.
El ataque, por tanto, está probado. La responsabilidad rusa la afirma un gobierno que declara su fundamento, pero ese fundamento no es público y hoy no puede verificarse desde fuera. Puede tratarse de una razón legítima de confidencialidad de la investigación; lo cierto es que, por ahora, el público tiene que confiar. En este sitio ya lo habíamos escrito en caliente, en una opinión del 2 de septiembre.
Lituania, 15 de septiembre de 2026. Cazas italianos de la misión de policía aérea de la OTAN, con base en Šiauliai, derribaron un dron que había entrado en el espacio aéreo lituano desde Bielorrusia, cerca de la central hidroeléctrica de Kruonis. El presidente lituano Gitanas Nausėda dijo que era con toda probabilidad un Gerbera ruso «destinado a Ucrania», desviado por las medidas de guerra electrónica ucranianas. No se registraron daños.
En Leipzig hay un artefacto real, un objetivo vinculado a Ucrania y una atribución formal basada en pruebas en gran parte reservadas. En Lituania hay una violación del espacio aéreo que el propio presidente lituano atribuye a un desvío de rumbo provocado por Kiev, no a un ataque intencionado.
La prueba de simetría: dos relatos, la misma vara
El relato alarmista
El primer relato dice: Rusia prepara un ataque desde el mar contra el sur de Europa, y la CIA nos ha avisado. Lo sostienen un contexto real de ataques híbridos y algunas fuentes anónimas. Le faltan el documento, una fuente identificable y la confirmación de cualquiera de los gobiernos implicados; es más, Roma y París niegan haber recibido la información. Su punto débil es presentar como «alerta de la CIA» lo que, según las propias palabras del artículo, es lo que una fuente lituana anónima dice sobre un informe que nadie ha visto. Muchos titulares europeos eliminaron el condicional.
El relato opuesto
El segundo relato es el editorial de Marco Travaglio en Il Fatto Quotidiano del 25 de septiembre, «“Ibrido” sarà lei», cuyo texto íntegro puede leerse en la web del periódico. Aquí recogemos todos sus argumentos, en el orden en que aparecen, con una verificación para cada uno.
1. La guerra híbrida la hacen todos. Travaglio la define como un ataque «sin dejar huellas» y observa que la practican Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, Israel y Ucrania por un lado, y China, Rusia e Irán por el otro. Es correcto como principio, y es el mismo que guía la prueba de simetría de este sitio.
2. Una serie de televisión lo explica mejor que los medios. Cita la tercera temporada de Lioness, en la que la CIA sospecha primero de Moscú y luego de dos aliados, Ucrania e Israel. Es un recurso retórico: una ficción puede ilustrar una hipótesis, no demostrarla.
3. Los medios presentan la guerra híbrida como una exclusiva rusa y la hacen ellos mismos por cuenta de los «amigos». Es un juicio sobre el sistema informativo, no acompañado de casos documentados.
4. Cada incursión se convierte en un «ataque híbrido» de Putin, incluso cuando llega desde Ucrania y no causa muertos, heridos ni daños. En parte está fundado: el caso lituano es precisamente una incursión que el presidente lituano atribuye a un error causado por Kiev. Pero la generalización pasa por alto Leipzig, donde la ausencia de víctimas se debe a un artefacto que no explotó, no a la ausencia de un ataque.
5. «Putin pone a prueba nuestras defensas» no tiene sentido, porque ya las conoce. Es discutible: según una lectura extendida, estos sondeos no sirven para saber dónde están las defensas, sino para medir tiempos de reacción, coordinación entre aliados y respuesta política. También eso, sin embargo, sigue siendo una interpretación y no un hecho comprobado, como habíamos señalado a propósito de Leipzig.
6. La histeria nos pone en ridículo o refuerza a Putin. Travaglio enumera misiles ucranianos confundidos con rusos, bandadas de pájaros tomadas por drones, retrasos aéreos leídos como sabotajes. Los episodios no están referenciados en el texto y habría que verificarlos uno por uno. El argumento de fondo, es decir, que el alarmismo agranda al adversario, coincide en cambio con la conclusión de este artículo.
7. Tres motivos. Sostener gobiernos desacreditados justificando «censuras, elecciones anuladas y partidos ilegalizados»; hacer aceptar cientos de miles de millones de gasto militar; tener una coartada para sabotear la negociación sobre Ucrania. Se afirman como hechos, sin fuentes. «Elecciones anuladas» remite con toda probabilidad a Rumanía: el 6 de diciembre de 2024 el Tribunal Constitucional rumano anuló por unanimidad la primera vuelta de las presidenciales, tras la desclasificación de documentos del Consejo Supremo de Defensa. Es una decisión discutida, pero motivada, no arbitraria. Los otros dos motivos son tesis políticas legítimas, no hechos comprobados.
8. El caso de El Mundo. Del informe «no hay rastro»; la noticia habría pasado de un ministro lituano al periódico «sin que nadie avisara a los tres países objetivo»; Crosetto lo desmiente, y París, Madrid y la Unión Europea callan. En lo sustancial está confirmado: el informe no se ha mostrado, y Roma y París dicen no haberlo recibido. Hay dos imprecisiones. El Mundo habla de fuentes anónimas del ministerio lituano, no de un ministro. Y París no calló: Macron lo desmintió en televisión la noche del 24, probablemente después de que se redactara el editorial. Madrid, en efecto, no hizo comentarios.
9. La conclusión. «Lituania, como Ucrania, lanza falsas alarmas híbridas para hacer guerra híbrida», es decir, para arrastrar a la guerra a aliados que no tienen interés en combatir a Rusia. Aquí el argumento no se sostiene. Se pasa de «una fuente anónima cercana al ministerio lituano habló con un periódico» a «Lituania, como Estado, lleva a cabo una operación deliberada». Una fuente anónima no es un gobierno, y una información no confirmada no es una provocación intencionada. Para esta conclusión el texto no aporta prueba alguna.
Sobre la noticia de El Mundo, por tanto, el escepticismo de Travaglio queda confirmado por los hechos. El problema es el uso que hace de él: exige a los medios pruebas que luego no aporta para su propia tesis.
Qué tienen en común
Los dos relatos hacen la misma operación: toman una información no verificada y la convierten en la confirmación de lo que su autor ya pensaba. El primero deduce de ella una amenaza rusa inminente, el segundo un complot de los aliados. Ninguno de los dos tiene hoy las pruebas de la conclusión que extrae.
Comentario jurídico
El derecho internacional no regula lo que escriben los periódicos. Sí se ocupa, en cambio, con mucha precisión de la pregunta que está en el centro de este caso: ¿cuándo puede decirse que un ataque es obra de un Estado?
Todo Estado tiene soberanía plena y exclusiva sobre el espacio aéreo situado sobre su territorio: es un principio consuetudinario, reafirmado por el artículo 1 del Convenio de Chicago de 1944. En la sentencia Nicaragua c. Estados Unidos de 1986, la Corte Internacional de Justicia estableció que el sobrevuelo no autorizado vulnera directamente la soberanía del Estado sobrevolado. El dron derribado en Lituania es, por tanto, una violación objetiva; otra cosa es establecer de quién es la responsabilidad, si el dron fue desviado por la guerra electrónica de un tercero.
El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe la amenaza y el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro Estado. Un ataque con explosivos contra un aeropuerto, si se atribuye a un Estado, viola como mínimo la soberanía territorial y el principio de no intervención; si constituye además «uso de la fuerza» es objeto de debate doctrinal.
El nudo, en la guerra híbrida, es la atribución. Según el artículo 8 de los Artículos de la Comisión de Derecho Internacional sobre la responsabilidad del Estado (2001), el comportamiento de personas o grupos es atribuible a un Estado si actúan siguiendo sus instrucciones o bajo su dirección o control. Es exactamente lo que hay que probar cuando se recurre a intermediarios precisamente para no dejar huellas.
Y la prueba debe ser sólida. En el caso del Canal de Corfú (1949), la Corte Internacional de Justicia admitió pruebas indirectas solo a condición de que no dejen «lugar a dudas razonables». En el caso Bosnia y Herzegovina c. Serbia (2007) exigió, para acusaciones de gravedad excepcional contra un Estado, pruebas «plenamente concluyentes».
Estos estándares valen para un tribunal, no para un periódico o un ministro. Indican, sin embargo, una medida, y esa medida debe aplicarse a todos. Sobre Leipzig, Alemania ha declarado un fundamento, pero la parte decisiva sigue reservada: hoy esa atribución solo es verificable en parte, y lo será del todo únicamente con un juicio o con la publicación de las actuaciones. La alarma de El Mundo y la tesis de la «falsa alarma lituana» no indican, en cambio, ningún fundamento verificable.
Juicio editorial
La guerra híbrida vive de la ambigüedad: su objetivo es confundir, y cada alarma no verificada le hace un favor, vaya en la dirección que vaya. Quien amplifica una amenaza que no puede demostrar difunde miedo y hace que el adversario parezca más poderoso de lo que es. Quien lo despacha todo como invención se ciega ante los ataques reales, como el de Leipzig.
No pedimos mantener a la opinión pública a oscuras: el derecho de los ciudadanos a recibir información, protegido por el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, vale también en las crisis. Pedimos otra cosa: que quien comunica, gobiernos y periódicos, diga siempre con claridad qué está comprobado, qué es sospecha y qué no está confirmado. Y que una acusación contra un Estado llegue junto con su fundamento, no antes.
Hay además una cuestión política, que declaramos como nuestra posición. Un clima de alarmas continuas dificulta la diplomacia y hace más costoso, para cualquier gobierno, sentarse a una mesa. Creemos que la seguridad de Europa pasa también por la negociación, y que la negociación necesita hechos verificados, no miedos. Las herramientas para reducir la ambigüedad existen, desde canales técnicos de desconflicto hasta un mecanismo de atribución compartido en el marco de la OSCE, como escribimos en julio. Ninguno de los actores de este caso, de un lado o del otro, debería perseguir sus objetivos a través de la ambigüedad.
Fuentes: Il Fatto Quotidiano — la noticia de El Mundo (24/9) · Euronews — fuentes de El Mundo, Rutte, Defensa española (24/9) · Il Sole 24 Ore — Crosetto (24/9) · Il Post — Crosetto (24/9) · Adnkronos — Crosetto y Tajani (25/9) · Sky TG24 — Macron en TF1 y France 2 (24/9) · Euronews — Macron · CNN — Ratcliffe en Moscú (25/8) · Fiscalía Federal alemana — comunicado del 6/8 · Al Jazeera — atribución alemana (1/9) · Stuttgarter Nachrichten — las pruebas citadas por el gobierno · ABC News — fuente de inteligencia de EE. UU. (26/8) · ZDF — los dos sospechosos · ComplexDiscovery — pruebas públicas y reservadas · Euronews — el rastro de ADN (11/8) · LRT — Nausėda sobre el dron derribado (16/9) · Il Fatto Quotidiano — editorial de Marco Travaglio (25/9) · Agenzia Nova — el Tribunal Constitucional rumano · CIJ — Nicaragua c. Estados Unidos, 1986, §251 · CDI — Artículos sobre la responsabilidad del Estado, 2001 · CIJ — Canal de Corfú, 1949 · CIJ — Bosnia y Herzegovina c. Serbia, 2007, §209
Nota de verificación: el informe de la CIA citado por El Mundo no ha sido hecho público por ninguna de las partes; toda la información sobre su contenido procede de fuentes anónimas. Las pruebas que respaldan la atribución alemana de Leipzig son en gran parte reservadas: lo que aquí se recoge es lo que era público a 27 de septiembre de 2026. El editorial de Travaglio no se reproduce íntegramente por razones de derechos de autor; las citas son breves y con fines de crítica.
2/2 · ANÁLISIS · 28 de septiembre de 2026
Anatomía de una entrevista: el plan estadounidense, Zelensky y una derrota presentada como inevitable
Los hechos
El 28 de septiembre el diario digital italiano Il Sussidiario publicó una entrevista de Paolo Rossetti a Gianandrea Gaiani, director de Analisi Difesa, que invitamos a leer completa antes de este artículo. La tesis es tajante: Estados Unidos habría relanzado un plan de paz que prevé la cesión de los territorios reclamados por Rusia, una franja desmilitarizada, la neutralidad de Ucrania y elecciones en cien días. Zelensky lo rechazaría por miedo a perder la votación; Europa mantendría la guerra con un «bombardeo de fake news»; y para Kyiv la alternativa sería entre aceptar una derrota, «no un desastre», y arriesgarse a que el frente ceda y el Estado ucraniano deje de existir. Aceptar el plan, concluye, permitiría a Ucrania ser reconstruida «a nuestra costa»: una factura que intentamos calcular en el artículo anterior.
Hace unos días aplicamos el estándar de prueba a una alarma de signo opuesto: el anuncio de un ataque ruso con drones contra Italia, Francia o España, y el editorial que lo convertía en prueba de un complot aliado. Aquí hacemos lo mismo, en la dirección contraria. No para establecer quién tiene razón sobre la guerra, sino para separar lo que está documentado de lo que no.
En síntesis
Verdadero o sustancialmente verdadero: el plan con elecciones en cien días, aunque es de noviembre de 2025; los retrasos en las entregas de Patriot; la declaración de Putin sobre Europa; la ventaja de Zaluzhni en una segunda vuelta según una encuesta reciente.
Distorsionado: Tusk y los 27.000 al mes; el 5 % de éxito de los Patriot; la cumbre en Moscú; la alarma de los drones extendida a toda la amenaza rusa.
Falso: las facturas bálticas un 60-70 % más caras; parlamento y presidente «caídos».
No verificable o sin fuente: el «informe del New York Times»; la mitad de los reclutas que desertan antes de llegar a sus unidades.
A tomar en serio: el riesgo para Kyiv existe, pero los datos de hoy describen un desgaste, no un colapso. Y hay un coste, demográfico, que la entrevista no considera.
La tesis central: ¿está a punto de ceder el frente?
Es la afirmación más grave de la entrevista, y aquella sobre la que se apoya todo lo demás: si Kyiv no negocia, el frente podría ceder de repente y los rusos «desbordarse».
Los datos disponibles describen otra dinámica. Según el seguimiento de la organización ucraniana DeepState, recogido por el proyecto Russia Matters de la Universidad de Harvard, entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026 Rusia ganó en total unos 2.170 kilómetros cuadrados, menos del 0,4 % del territorio ucraniano. En las cuatro semanas hasta el 22 de septiembre la ganancia neta fue de unos 96 kilómetros cuadrados según DeepState, mientras que el Institute for the Study of War registra un saldo prácticamente nulo. Moscú controla hoy alrededor del 19 % de Ucrania, incluidos Crimea y el Donbás ocupado antes de 2022.
Es un avance lento y costoso, no un frente que se desmorona. Eso no excluye que pueda ceder: las guerras de desgaste pueden romperse de golpe cuando las unidades se vacían, y por eso los datos de la movilización, más abajo, importan. Pero quien afirma que el colapso está cerca debería decir en qué datos se basa. La entrevista no lo hace.
Las afirmaciones, una por una
El plan con elecciones en cien días. Existe, pero no es nuevo. El plan de 28 puntos de la administración Trump, dado a conocer en noviembre de 2025, preveía elecciones en Ucrania en cien días, la prohibición constitucional de entrar en la OTAN y una zona de amortiguación neutral en la parte de Donetsk hoy controlada por Kyiv, que se cedería de hecho a Rusia. Que ese plan fuera «relanzado» con la visita del director de la CIA Ratcliffe a Moscú el 25 de agosto es una interpretación: los principales medios estadounidenses dieron versiones distintas sobre el objetivo de ese viaje. Y la franja «vigilada por la ONU» no aparece en el texto del plan recogido por CBS.
La cumbre en Moscú rechazada por Zelensky. El 25 de septiembre Bloomberg escribió que Trump, en el encuentro del 22 de septiembre en Nueva York, habría propuesto a Zelensky ir a Moscú a ver a Putin, y que Zelensky se habría negado. La oficina del presidente ucraniano lo desmintió. La entrevista lo reconoce, pero omite un dato: según Axios, tras la visita de Ratcliffe los estadounidenses volvieron a proponer una cumbre a tres, una idea que en el pasado Zelensky había aceptado y Putin había rechazado.
Parlamento y presidente «caídos». El mandato ordinario de la Rada expiró en 2023 y el del presidente en mayo de 2024, y las elecciones están suspendidas por la ley marcial. Pero decir que han «caído» no se corresponde con el derecho ucraniano: la Constitución prorroga expresamente los poderes del parlamento hasta la primera sesión del nuevo (art. 83) y establece que el presidente sigue en el cargo hasta la toma de posesión de su sucesor (art. 108). Se puede discutir si es oportuno votar en guerra; no se puede decir que las instituciones hayan decaído.
Zaluzhni vencería a Zelensky. Depende de la encuesta. Según Sociopolis (16-21 de septiembre de 2026), en la primera vuelta ambos están empatados en el 19 %, pero en la segunda Zaluzhni ganaría con el 62 % de los votos válidos. Según el International Republican Institute (entre finales de mayo y principios de junio de 2026), en cambio, Zelensky iba por delante tanto en la primera vuelta (32 % frente a 16 %) como en la segunda (42 % frente a 39 %). La afirmación se apoya en un sondeo reciente, no en un cuadro unívoco.
Las «fake news» sobre drones desde el Mediterráneo. En un punto la entrevista tiene razón, y lo hemos documentado: la alarma sobre un ataque ruso con drones lanzados desde barcos se basaba en fuentes anónimas y fue desmentida por Roma y París. Pero de una sola alarma no verificada no se deduce que toda la amenaza rusa sea «una marea de invenciones». El ataque con un dron explosivo en el aeropuerto de Leipzig el 4 de agosto, atribuido formalmente a Rusia por el gobierno alemán, es un hecho establecido por la fiscalía federal, aunque buena parte de las pruebas sigue siendo reservada.
Las facturas bálticas un 60-70 % más caras. Los datos no lo respaldan. Tras la desconexión de la red eléctrica rusa, el 8 y 9 de febrero de 2025, los precios mayoristas subieron durante algunos días, pero los reguladores lo atribuyeron sobre todo a la avería del cable EstLink 2 con Finlandia, a la escasa producción renovable y al precio del gas. El coste de la desconexión para un hogar estonio fue estimado por la radiotelevisión pública ERR en unos 15 euros al año.
Tusk y los 27.000 hombres al mes. La cifra existe, pero se recoge de forma imprecisa. Tusk no la dijo en una reunión reservada, sino en un discurso público ante el Sejm el 17 de septiembre, citando fuentes ucranianas. Y se trata de 27.000 muertos y heridos al mes, no de hombres perdidos definitivamente. Es un récord grave, pero distinto de lo que sugiere la entrevista.
Evasión «total» y la mitad de los reclutas que desertan. El problema es real y grande: según el ministro de Defensa Fedorov, en enero unos 200.000 militares estaban ausentes sin permiso, y en octubre de 2025 se registraron más de 21.000 casos en un solo mes. Pero no hemos encontrado ninguna fuente para la afirmación de que la mitad de los reclutas deserta antes de llegar a sus unidades, ni para una evasión «total». La fiscalía general dejó de publicar los datos en noviembre de 2025, lo que hace inverificable cualquier cifra precisa.
El «informe del New York Times» sobre una Ucrania que lo vende todo. No lo hemos encontrado. Lo documentado es distinto: en 2026 Kyiv abrió un mecanismo controlado de exportación de armas, sobre todo drones, a países socios, con listas negras y autorizaciones caso por caso. Es una decisión política discutible, no la liquidación de todo lo que no esté «cementado al suelo».
Entregas de Patriot con 2-3 años de retraso. Sustancialmente coherente con los datos disponibles. Tras la guerra contra Irán, iniciada en febrero de 2026, Estados Unidos advirtió a varios aliados de retrasos, de hasta cinco años en algunos casos, en sistemas entre los que figuran los interceptores Patriot, para reconstituir sus propias reservas.
Los Patriot con un éxito inferior al 5 %. Es un error de método. El dato conocido, publicado por el Financial Times, es la caída de la proporción de misiles balísticos interceptados por Ucrania del 37 % al 6 % en el plazo de un mes, en 2025, tras mejoras en los misiles rusos. Ese porcentaje mide cuántos misiles entrantes son derribados, no cuántos interceptores lanzados dan en el blanco: si faltan interceptores, muchos misiles ni siquiera son atacados. El cálculo de la entrevista, según el cual de cada cien Patriot lanzados solo cinco acertarían y el resto sería dinero tirado, mezcla dos magnitudes distintas.
Putin «no tiene motivo» para atacar Europa. Putin lo dijo de verdad, el 25 de septiembre. Es la declaración de una parte en guerra y debe tratarse como tal: ni prueba de buenas intenciones ni prueba de lo contrario.
Las opiniones políticas. El juicio sobre una Europa «a dos velocidades», las posiciones atribuidas a Marine Le Pen y a la AfD, la idea de que la guerra desgasta sobre todo a Europa: son valoraciones políticas legítimas, no hechos que verificar, y no las tratamos como tales.
La cuenta que la entrevista no hace
Antes de la invasión, el instituto estadístico ucraniano contaba 41,1 millones de habitantes, sin Crimea. Hoy las estimaciones van de los 29 millones del Instituto de Demografía de la Academia de Ciencias a los 22-25 millones que menciona el ministro de Política Social Uliutin. La distancia entre ambas cifras muestra lo inciertos que son los datos en un país en guerra, sin censo desde 2001; pero en ambos casos el descenso es de una cuarta parte o más.
Antes de la guerra había unos 9,3 millones de hombres de entre 25 y 59 años, según el Banco Mundial. Un modelo publicado en septiembre de 2025 por la organización ucraniana Intention, basado en un análisis de Texty, estima que, descontados los militares en servicio, quienes están en el extranjero, los exentos y quienes tienen derecho a prórroga, la reserva movilizable está entre 2,8 y 4,9 millones de hombres. Los propios autores advierten de que los datos de partida son inciertos.
Al ritmo récord citado por Tusk, 27.000 muertos y heridos al mes, son unos 324.000 al año. Dividida por ese ritmo, la reserva duraría entre 8 y 15 años. Pero el cálculo engaña. El frente no cede cuando la reserva se agota: cede cuando las pérdidas de cada mes superan a los hombres que se logra movilizar. Y aquí las cifras están cerca. Zelensky dijo en febrero que Ucrania moviliza entre 30.000 y 34.000 personas al mes; en agosto, el jefe de su oficina, Kirilo Budánov, dijo que hacen falta al menos 30.000. Con 27.000 muertos y heridos al mes, los nuevos reclutas apenas bastan para sustituir las pérdidas, no para reconstituir reservas ni para dar descanso a quienes combaten desde 2022. En un cuestionario en línea de la iniciativa Lobby X, citado en el mismo estudio y rellenado por voluntarios, no por una muestra representativa, solo el 23 % de los participantes se declaraba dispuesto a servir en las condiciones actuales.
Luego está el coste que queda después de la guerra. Los hombres de entre 25 y 60 años que la guerra consume son los que harían falta para reconstruir. El Ministerio de Economía ucraniano ya estimaba en 2024 que para la recuperación faltarán 4,5 millones de trabajadores. En Europa viven unos 5,2 millones de refugiados ucranianos: según las proyecciones de la ONU, con una paz frágil hasta 3 millones se quedarían en la Unión, e incluso en caso de victoria completa 1,67 millones no volverían. A los caídos hay que sumar los heridos, 400.000 según Kyiv, parte de los cuales quedará con discapacidad. Kyiv ya discute abrir el país a la inmigración laboral.
Rusia también paga un precio enorme en el plano demográfico. El CSIS estima más de 1,4 millones de bajas rusas entre muertos y heridos; según un análisis del Carnegie Endowment, unas 650.000 personas, en gran parte jóvenes cualificados, abandonaron el país tras la invasión, y la fecundidad ha caído a 1,4 hijos por mujer. Pero Rusia parte de una población de unos 144 millones, cinco veces la ucraniana de hoy, y de una reserva de hombres en edad militar estimada a comienzos de 2024 en 3,7 veces la ucraniana. Moviliza más: según Zelensky, unos 10.000 hombres al mes más que Ucrania. Y recurre al extranjero: Corea del Norte confirmó en abril de 2025 el envío de tropas a la región de Kursk, y según la inteligencia ucraniana Moscú prevé reclutar unos 18.500 extranjeros en 2026, sobre todo entre migrantes de Asia Central y África.
Comentario jurídico
En el centro de la entrevista hay una propuesta: Ucrania debería aceptar la cesión de territorio a cambio de sobrevivir como Estado. Es una valoración política legítima. Pero el derecho internacional le impone límites que la entrevista no menciona.
La Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado (art. 2.4), y de esa prohibición se deriva la obligación de todos los Estados de no reconocer como legítima la adquisición de territorio por la fuerza: es el fundamento del no reconocimiento de la conducta rusa que defiende este sitio. La Asamblea General lo afirmó en términos generales en 1970 y, para las cuatro regiones ucranianas anexionadas por Rusia, con la resolución ES-11/4 del 12 de octubre de 2022, aprobada con 143 votos a favor y 5 en contra. La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados añade que es nulo un tratado celebrado bajo la amenaza o el uso de la fuerza en violación de la Carta (art. 52).
Un acuerdo de paz puede congelar una línea de frente, establecer un alto el fuego, aplazar las cuestiones territoriales: muchas guerras terminaron así. El plan de 28 puntos iba más allá, al pedir a Estados Unidos y a otros que reconocieran esos territorios como rusos «de facto». La distinción importa: la obligación de no reconocimiento prohíbe tratar la conquista como legítima, mientras que constatar quién controla un territorio es una zona gris sobre la que discuten los juristas. Pero un reconocimiento, aunque sea solo de hecho, concedido como contrapartida de una agresión se acerca mucho a lo que esa obligación quiere impedir.
En cuanto a las elecciones en guerra, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos protege el derecho de voto (art. 25), pero permite a los Estados suspender su ejercicio en caso de emergencia pública que amenace la vida de la nación (art. 4); el derecho de voto no está entre los que no pueden suspenderse. El aplazamiento ucraniano es por tanto compatible con la Constitución y con el derecho internacional. Sigue siendo una decisión política criticable, no una ilegalidad.
La prueba de simetría
En el artículo anterior pedimos a quienes anunciaban un ataque ruso que mostraran las pruebas, y a quienes deducían de ello un complot aliado que hicieran lo mismo. Aquí la pregunta es la misma. Cuando la entrevista recoge un hecho verificable, como el plan con elecciones en cien días o los retrasos de los Patriot, lo hace de forma sustancialmente correcta. Cuando un hecho va contra su tesis, como el desmentido de Kyiv sobre Moscú o la disposición de Zelensky a una cumbre a tres, lo atenúa u omite. Cuando sirve para reforzarla, como los 27.000 hombres, las facturas bálticas o el 5 % de los Patriot, lo amplifica más allá de lo que dice la fuente.
Es el mismo esquema que criticamos en la alarma de los drones, invertido: allí se daban por buenas fuentes anónimas que confirmaban la amenaza rusa; aquí se da por buena la palabra de Putin y se descarta como falsa toda señal contraria.
La misma vara vale para nosotros. Muchas de las fuentes usadas aquí son ucranianas, incluidas estimaciones de la inteligencia de Kyiv, y las hemos señalado como tales. Donde existían, hemos preferido fuentes independientes o de los países implicados: la radiotelevisión pública estonia sobre los precios de la energía, un centro de estudios estadounidense para los datos del frente, institutos internacionales para la demografía.
Juicio editorial
Dentro de la entrevista hay un núcleo que merece tomarse en serio: el tiempo no juega a favor de Kyiv. La posición negociadora de Ucrania se debilita, las pérdidas están en niveles récord, las defensas aéreas andan cortas de interceptores y los retrasos estadounidenses no se resolverán antes del invierno. Y hay un argumento más fuerte que todos los que usa la entrevista, y que no usa: cada mes de guerra le quita a Ucrania un soldado hoy y un trabajador mañana, en un país que ya antes perdía población. Para Moscú la guerra es una sangría; para Kyiv corre el riesgo de ser una hemorragia. Quienes defienden el apoyo a Kyiv deberían confrontarse con estos datos en lugar de ignorarlos.
Pero un argumento que necesita datos inflados para sostenerse se debilita justo donde quiere ser más fuerte. Y sobre todo, presentar la cesión de territorio como la única vía realista calla su precio jurídico: premiar una agresión con el reconocimiento de sus conquistas no cierra una guerra, hace más rentable la siguiente. La paz negociada es necesaria; la pregunta es si debe pasar por la violación de las reglas que deberían protegernos a todos. Sobre esto, una entrevista que se presenta como realismo no dice nada.
Fuentes: Il Sussidiario — Gaiani (28/9/2026) · Russia Matters — War Report Card, DeepState/ISW (23/9/2026) · CBS News — 28-point plan (11/2025) · Kyiv Post — Bloomberg report denied (25/9/2026) · Axios — Ratcliffe (29/8/2026) · CFR — Ratcliffe's trip (8/2026) · Verfassungsblog — Art. 83, 108 · Interfax-Ukraine — Sociopolis (9/2026) · LIGA.net — IRI/Rating (6/2026) · Generalbundesanwalt (6/8/2026) · VoxUkraine — Baltic prices · ERR (2025) · EUobserver — Tusk (9/2026) · Ukranews — Tusk in the Sejm (9/2026) · Kyiv Independent — AWOL (2026) · Euronews — arms exports (1/7/2026) · Kyiv Post — US delivery delays (9/2026) · National Interest — FT data on interceptions · RTÉ — Putin (25/9/2026) · Meduza — Putin (26/9/2026) · OPORA — population 2022 · PRM — Libanova, Uliutin (5/2026) · Russia Matters — military-age men (1/2024) · Intention / Texty (3/9/2025) · RBC-Ukraine — Zelensky (27/2/2026) · Kyiv Independent — Budanov (28/8/2026) · Kyiv Post — 4.5 million workers · UA.NEWS — UN refugee projections · Mezha — labour migration · Politics Today — CSIS · Carnegie Endowment (26/9/2025) · Radio Free Asia — North Korea (28/4/2025) · Ukrainska Pravda — foreign recruits (28/4/2026) · UN — A/RES/ES-11/4 (12/10/2022)
Nota de verificación: el texto de la entrevista no se reproduce íntegro por razones de derechos de autor; las citas son breves, con fines de crítica, y se han cotejado con el texto original. Los datos del frente están actualizados al 22 de septiembre de 2026. El cálculo de la duración de la reserva es de este sitio, con los datos indicados.
N3R1-70 — I Will Not Look Away — Versión en línea: https://iwillnotlookaway.org/s/es/serie-anatomia-texto-completo.html