ANÁLISIS
Anatomía de una alarma: drones rusos, una fuente anónima y dos relatos sin pruebas
Septiembre de 2026
Los hechos
La mañana del 24 de septiembre un diario español anuncia que Rusia estaría preparando un ataque con drones contra Italia, Francia o España, lanzados desde buques mercantes en el Mediterráneo. En pocas horas la noticia recorre Europa, y antes de la noche dos de los tres gobiernos señalados la han desmentido. Al día siguiente otro diario, en Italia, la usa como prueba de lo contrario: no sería Rusia, sino un aliado de la OTAN quien fabricaría falsas alarmas para arrastrarnos a la guerra.
Este artículo no pretende establecer quién tiene razón sobre Moscú. Intenta algo más sencillo y más raro: poner lado a lado lo que está documentado y lo que no lo está, y aplicar a los dos relatos opuestos la misma vara de medir.
El 24 de septiembre de 2026 El Mundo, en un artículo de Xavier Colás, escribió que la inteligencia estadounidense habría compartido con algunos gobiernos europeos una alerta sobre una posible operación rusa con drones contra España, Francia o Italia. Según el periódico, un informe de la CIA habría circulado entre las cancillerías europeas en agosto, poco después de la visita sorpresa del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú el 25 de agosto. El viaje está documentado; su contenido no se ha hecho público.
El escenario descrito es preciso: drones Gerbera de unos dos metros de largo, con una autonomía de hasta 600 kilómetros y 4-5 kilos de explosivo, ocultos en contenedores en buques comerciales y lanzados a 200-300 kilómetros de la costa, no para destruir sino para cerrar durante unas horas un puerto o un aeropuerto. Se citan dos fuentes: fuentes anónimas vinculadas al Ministerio de Defensa lituano y «varios analistas de defensa» que dicen conocer el informe. No se ha mostrado ningún documento.
Las respuestas de los gobiernos
En Italia, el ministro de Defensa Guido Crosetto escribió ese mismo día que la alarma «no sirve a nadie y no encuentra confirmación alguna», e instó a no echar «más leña al fuego». El 25 de septiembre fue más tajante: «No existe, no nos consta y tampoco les consta a los demás gobiernos aludidos». El ministro de Exteriores Antonio Tajani dijo que no hay «ninguna confirmación» y que los italianos no deben temer ataques militares rusos.
En Francia, la noche del 24 de septiembre, en directo en TF1 y France 2, el presidente Emmanuel Macron dijo que «esta información la podemos desmentir»: la CIA no informó a Francia. En la misma entrevista, sin embargo, calificó la situación de «inquietante» y consideró creíble que Francia sufra un ataque similar al de Leipzig, del que se habla más abajo.
El Ministerio de Defensa español, consultado por Euronews, no hizo comentarios. No constan declaraciones públicas ni de la CIA ni del gobierno lituano. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo que la amenaza rusa «existe y es de largo plazo» y pidió a los europeos que mantengan la calma.
En síntesis: nadie ha mostrado el informe citado, y dos de los tres gobiernos señalados como destinatarios afirman no haberlo recibido nunca.
El contexto: qué está documentado
La alarma no surge de la nada. En las semanas anteriores hubo en Europa episodios reales, y muy distintos entre sí.
Leipzig, 4 de agosto de 2026. La noche del 4 de agosto, en el aeropuerto de Leipzig-Halle, se encontró cerca de un avión de carga ucraniano un dron que llevaba montados, según la Fiscalía Federal alemana, «explosivo profesional y un detonador». El artefacto no explotó. Un avión de carga obligado a abortar el aterrizaje chocó en vuelo con un objeto, presumiblemente un segundo dron. No hubo víctimas. El 6 de agosto la Fiscalía Federal asumió la investigación y habló de un «grave ataque» contra las infraestructuras de transporte, sin señalar sospechosos ni Estados.
El 1 de septiembre, el ministro del Interior Alexander Dobrindt y el ministro de Exteriores Johann Wadephul atribuyeron formalmente el ataque a Rusia. Según Dobrindt, «en conjunto, las investigaciones policiales, los patrones de los delitos y los hallazgos de inteligencia establecen la responsabilidad rusa». Conviene, sin embargo, distinguir qué parte de esta atribución es pública y cuál no.
Es pública la descripción del artefacto. Dobrindt dijo que la configuración del dron, sus componentes, el explosivo y la técnica de detonación coinciden con operaciones rusas ya conocidas, y señaló como rasgos típicos el alto nivel técnico y el uso de «agentes de bajo nivel» para encubrir a los responsables. Son indicios de método, no pruebas directas de quién dio la orden.
Otros elementos solo han circulado en la prensa, a partir de fuentes anónimas. Una fuente de inteligencia estadounidense dijo a ABC News, el 26 de agosto, que el explosivo y la estructura del dron son «típicos» del GRU, la inteligencia militar rusa. La ZDF informó de dos sospechosos con vínculos con Rusia, hoy en paradero desconocido. La prensa alemana habló de rastros de ADN que llevarían a un atentado de 2024 en el mismo aeropuerto, sin confirmación oficial.
La parte decisiva sigue siendo reservada: los hallazgos de inteligencia citados por el gobierno, la identidad de la persona que se cree vinculada a los servicios rusos, las actuaciones de la investigación. Fuentes de seguridad explicaron a la ARD que «no todo puede hacerse público mientras la red detrás del intento siga activa». No consta ninguna detención. Moscú lo rechaza todo: el servicio de inteligencia exterior ruso acusó a Berlín de haber sacado conclusiones «sin siquiera esperar los resultados preliminares de la investigación», y Putin habló de pruebas fabricadas.
El ataque, por tanto, está probado. La responsabilidad rusa la afirma un gobierno que declara su fundamento, pero ese fundamento no es público y hoy no puede verificarse desde fuera. Puede tratarse de una razón legítima de confidencialidad de la investigación; lo cierto es que, por ahora, el público tiene que confiar. En este sitio ya lo habíamos escrito en caliente, en una opinión del 2 de septiembre.
Lituania, 15 de septiembre de 2026. Cazas italianos de la misión de policía aérea de la OTAN, con base en Šiauliai, derribaron un dron que había entrado en el espacio aéreo lituano desde Bielorrusia, cerca de la central hidroeléctrica de Kruonis. El presidente lituano Gitanas Nausėda dijo que era con toda probabilidad un Gerbera ruso «destinado a Ucrania», desviado por las medidas de guerra electrónica ucranianas. No se registraron daños.
En Leipzig hay un artefacto real, un objetivo vinculado a Ucrania y una atribución formal basada en pruebas en gran parte reservadas. En Lituania hay una violación del espacio aéreo que el propio presidente lituano atribuye a un desvío de rumbo provocado por Kiev, no a un ataque intencionado.
La prueba de simetría: dos relatos, la misma vara
El relato alarmista
El primer relato dice: Rusia prepara un ataque desde el mar contra el sur de Europa, y la CIA nos ha avisado. Lo sostienen un contexto real de ataques híbridos y algunas fuentes anónimas. Le faltan el documento, una fuente identificable y la confirmación de cualquiera de los gobiernos implicados; es más, Roma y París niegan haber recibido la información. Su punto débil es presentar como «alerta de la CIA» lo que, según las propias palabras del artículo, es lo que una fuente lituana anónima dice sobre un informe que nadie ha visto. Muchos titulares europeos eliminaron el condicional.
El relato opuesto
El segundo relato es el editorial de Marco Travaglio en Il Fatto Quotidiano del 25 de septiembre, «“Ibrido” sarà lei», cuyo texto íntegro puede leerse en la web del periódico. Aquí recogemos todos sus argumentos, en el orden en que aparecen, con una verificación para cada uno.
1. La guerra híbrida la hacen todos. Travaglio la define como un ataque «sin dejar huellas» y observa que la practican Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, Israel y Ucrania por un lado, y China, Rusia e Irán por el otro. Es correcto como principio, y es el mismo que guía la prueba de simetría de este sitio.
2. Una serie de televisión lo explica mejor que los medios. Cita la tercera temporada de Lioness, en la que la CIA sospecha primero de Moscú y luego de dos aliados, Ucrania e Israel. Es un recurso retórico: una ficción puede ilustrar una hipótesis, no demostrarla.
3. Los medios presentan la guerra híbrida como una exclusiva rusa y la hacen ellos mismos por cuenta de los «amigos». Es un juicio sobre el sistema informativo, no acompañado de casos documentados.
4. Cada incursión se convierte en un «ataque híbrido» de Putin, incluso cuando llega desde Ucrania y no causa muertos, heridos ni daños. En parte está fundado: el caso lituano es precisamente una incursión que el presidente lituano atribuye a un error causado por Kiev. Pero la generalización pasa por alto Leipzig, donde la ausencia de víctimas se debe a un artefacto que no explotó, no a la ausencia de un ataque.
5. «Putin pone a prueba nuestras defensas» no tiene sentido, porque ya las conoce. Es discutible: según una lectura extendida, estos sondeos no sirven para saber dónde están las defensas, sino para medir tiempos de reacción, coordinación entre aliados y respuesta política. También eso, sin embargo, sigue siendo una interpretación y no un hecho comprobado, como habíamos señalado a propósito de Leipzig.
6. La histeria nos pone en ridículo o refuerza a Putin. Travaglio enumera misiles ucranianos confundidos con rusos, bandadas de pájaros tomadas por drones, retrasos aéreos leídos como sabotajes. Los episodios no están referenciados en el texto y habría que verificarlos uno por uno. El argumento de fondo, es decir, que el alarmismo agranda al adversario, coincide en cambio con la conclusión de este artículo.
7. Tres motivos. Sostener gobiernos desacreditados justificando «censuras, elecciones anuladas y partidos ilegalizados»; hacer aceptar cientos de miles de millones de gasto militar; tener una coartada para sabotear la negociación sobre Ucrania. Se afirman como hechos, sin fuentes. «Elecciones anuladas» remite con toda probabilidad a Rumanía: el 6 de diciembre de 2024 el Tribunal Constitucional rumano anuló por unanimidad la primera vuelta de las presidenciales, tras la desclasificación de documentos del Consejo Supremo de Defensa. Es una decisión discutida, pero motivada, no arbitraria. Los otros dos motivos son tesis políticas legítimas, no hechos comprobados.
8. El caso de El Mundo. Del informe «no hay rastro»; la noticia habría pasado de un ministro lituano al periódico «sin que nadie avisara a los tres países objetivo»; Crosetto lo desmiente, y París, Madrid y la Unión Europea callan. En lo sustancial está confirmado: el informe no se ha mostrado, y Roma y París dicen no haberlo recibido. Hay dos imprecisiones. El Mundo habla de fuentes anónimas del ministerio lituano, no de un ministro. Y París no calló: Macron lo desmintió en televisión la noche del 24, probablemente después de que se redactara el editorial. Madrid, en efecto, no hizo comentarios.
9. La conclusión. «Lituania, como Ucrania, lanza falsas alarmas híbridas para hacer guerra híbrida», es decir, para arrastrar a la guerra a aliados que no tienen interés en combatir a Rusia. Aquí el argumento no se sostiene. Se pasa de «una fuente anónima cercana al ministerio lituano habló con un periódico» a «Lituania, como Estado, lleva a cabo una operación deliberada». Una fuente anónima no es un gobierno, y una información no confirmada no es una provocación intencionada. Para esta conclusión el texto no aporta prueba alguna.
Sobre la noticia de El Mundo, por tanto, el escepticismo de Travaglio queda confirmado por los hechos. El problema es el uso que hace de él: exige a los medios pruebas que luego no aporta para su propia tesis.
Qué tienen en común
Los dos relatos hacen la misma operación: toman una información no verificada y la convierten en la confirmación de lo que su autor ya pensaba. El primero deduce de ella una amenaza rusa inminente, el segundo un complot de los aliados. Ninguno de los dos tiene hoy las pruebas de la conclusión que extrae.
Comentario jurídico
El derecho internacional no regula lo que escriben los periódicos. Sí se ocupa, en cambio, con mucha precisión de la pregunta que está en el centro de este caso: ¿cuándo puede decirse que un ataque es obra de un Estado?
Todo Estado tiene soberanía plena y exclusiva sobre el espacio aéreo situado sobre su territorio: es un principio consuetudinario, reafirmado por el artículo 1 del Convenio de Chicago de 1944. En la sentencia Nicaragua c. Estados Unidos de 1986, la Corte Internacional de Justicia estableció que el sobrevuelo no autorizado vulnera directamente la soberanía del Estado sobrevolado. El dron derribado en Lituania es, por tanto, una violación objetiva; otra cosa es establecer de quién es la responsabilidad, si el dron fue desviado por la guerra electrónica de un tercero.
El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe la amenaza y el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro Estado. Un ataque con explosivos contra un aeropuerto, si se atribuye a un Estado, viola como mínimo la soberanía territorial y el principio de no intervención; si constituye además «uso de la fuerza» es objeto de debate doctrinal.
El nudo, en la guerra híbrida, es la atribución. Según el artículo 8 de los Artículos de la Comisión de Derecho Internacional sobre la responsabilidad del Estado (2001), el comportamiento de personas o grupos es atribuible a un Estado si actúan siguiendo sus instrucciones o bajo su dirección o control. Es exactamente lo que hay que probar cuando se recurre a intermediarios precisamente para no dejar huellas.
Y la prueba debe ser sólida. En el caso del Canal de Corfú (1949), la Corte Internacional de Justicia admitió pruebas indirectas solo a condición de que no dejen «lugar a dudas razonables». En el caso Bosnia y Herzegovina c. Serbia (2007) exigió, para acusaciones de gravedad excepcional contra un Estado, pruebas «plenamente concluyentes».
Estos estándares valen para un tribunal, no para un periódico o un ministro. Indican, sin embargo, una medida, y esa medida debe aplicarse a todos. Sobre Leipzig, Alemania ha declarado un fundamento, pero la parte decisiva sigue reservada: hoy esa atribución solo es verificable en parte, y lo será del todo únicamente con un juicio o con la publicación de las actuaciones. La alarma de El Mundo y la tesis de la «falsa alarma lituana» no indican, en cambio, ningún fundamento verificable.
Juicio editorial
La guerra híbrida vive de la ambigüedad: su objetivo es confundir, y cada alarma no verificada le hace un favor, vaya en la dirección que vaya. Quien amplifica una amenaza que no puede demostrar difunde miedo y hace que el adversario parezca más poderoso de lo que es. Quien lo despacha todo como invención se ciega ante los ataques reales, como el de Leipzig.
No pedimos mantener a la opinión pública a oscuras: el derecho de los ciudadanos a recibir información, protegido por el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, vale también en las crisis. Pedimos otra cosa: que quien comunica, gobiernos y periódicos, diga siempre con claridad qué está comprobado, qué es sospecha y qué no está confirmado. Y que una acusación contra un Estado llegue junto con su fundamento, no antes.
Hay además una cuestión política, que declaramos como nuestra posición. Un clima de alarmas continuas dificulta la diplomacia y hace más costoso, para cualquier gobierno, sentarse a una mesa. Creemos que la seguridad de Europa pasa también por la negociación, y que la negociación necesita hechos verificados, no miedos. Las herramientas para reducir la ambigüedad existen, desde canales técnicos de desconflicto hasta un mecanismo de atribución compartido en el marco de la OSCE, como escribimos en julio. Ninguno de los actores de este caso, de un lado o del otro, debería perseguir sus objetivos a través de la ambigüedad.
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Fuentes: Il Fatto Quotidiano — la noticia de El Mundo (24/9) · Euronews — fuentes de El Mundo, Rutte, Defensa española (24/9) · Il Sole 24 Ore — Crosetto (24/9) · Il Post — Crosetto (24/9) · Adnkronos — Crosetto y Tajani (25/9) · Sky TG24 — Macron en TF1 y France 2 (24/9) · Euronews — Macron · CNN — Ratcliffe en Moscú (25/8) · Fiscalía Federal alemana — comunicado del 6/8 · Al Jazeera — atribución alemana (1/9) · Stuttgarter Nachrichten — las pruebas citadas por el gobierno · ABC News — fuente de inteligencia de EE. UU. (26/8) · ZDF — los dos sospechosos · ComplexDiscovery — pruebas públicas y reservadas · Euronews — el rastro de ADN (11/8) · LRT — Nausėda sobre el dron derribado (16/9) · Il Fatto Quotidiano — editorial de Marco Travaglio (25/9) · Agenzia Nova — el Tribunal Constitucional rumano · CIJ — Nicaragua c. Estados Unidos, 1986, §251 · CDI — Artículos sobre la responsabilidad del Estado, 2001 · CIJ — Canal de Corfú, 1949 · CIJ — Bosnia y Herzegovina c. Serbia, 2007, §209
Nota de verificación: el informe de la CIA citado por El Mundo no ha sido hecho público por ninguna de las partes; toda la información sobre su contenido procede de fuentes anónimas. Las pruebas que respaldan la atribución alemana de Leipzig son en gran parte reservadas: lo que aquí se recoge es lo que era público a 27 de septiembre de 2026. El editorial de Travaglio no se reproduce íntegramente por razones de derechos de autor; las citas son breves y con fines de crítica.