I Will Not Look Away · 2026

Quién soy

Una sola persona. Ninguna organización, ningún movimiento — un ciudadano que eligió no callar.

Este manifiesto está escrito por una sola persona.

No represento ninguna organización, partido ni movimiento. Soy un ciudadano europeo que ha viajado mucho por trabajo y ha conocido personas de toda condición — social, religiosa, política, geográfica. Tengo amigos judíos, musulmanes, católicos, ateos. Esta diversidad no es un fondo decorativo de mi vida: es la forma en que aprendí a pensar.

Sobre este conflicto he escuchado a todos, empezando por quienes me son más cercanos. Mis amigos judíos me pusieron a dura prueba. Quise entender su punto de vista, lo busqué con seriedad, lo consideré. Pero al final me encontré ante algo que no puedo llamar argumento: solo justificaciones para actos que el derecho internacional califica de ilícitos. Y comprendí que seguir callando — para no herir una amistad o para no parecer lo que no soy — habría sido deshonesto. Hacia ellos, antes que hacia mí mismo.

Creo en las normas del derecho internacional no como conveniencia retórica, sino como fundamento real de la convivencia civil. Creo en la moral occidental en el sentido más antiguo e incómodo del término: la de las personas, no la de la política y la economía. En este tema se ha tocado fondo moralmente. El punto en que el silencio deja de ser prudencia y se convierte en complicidad.

Si compartes esta convicción, este manifiesto también es tuyo.

Honestidad editorial

Este sitio no es un medio informativo imparcial, ni pretende serlo. Es un proyecto de activismo jurídico: uso el derecho internacional como herramienta de presión, no como ejercicio académico. La elección de qué hechos contar —y cuáles no— refleja una línea editorial precisa, orientada a denunciar las violaciones del derecho internacional y los derechos humanos.

Donde pido ser juzgado es en el método, no en la ausencia de un punto de vista. Cada noticia que publico debe superar la misma prueba, sea quien sea el protagonista: ¿la condena se sostendría si se intercambiaran las identidades de las partes? No siempre parto de cero. La cobertura de este sitio está hoy desequilibrada hacia el conflicto israelo-palestino —un tema que me toca personalmente, por amistades y por una vida vivida en contacto con esas historias—, mientras que en muchos otros escenarios mi conocimiento de partida era casi nulo. Lo escribo aquí porque es cierto, no porque esté resuelto: también para corregir este desequilibrio empecé a usar un protocolo explícito para elegir qué seguir, explicado en la página Método.

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