ANÁLISIS
De 1990 a 2022: cómo se llegó a la guerra en Ucrania
15 de octubre de 2026 — Europa
Serie «Las decisiones de Europa» · 3 de 3
En síntesis
- En 1990 los líderes occidentales prometieron de palabra a Gorbachov que la OTAN no se ampliaría hacia el este. Nunca lo pusieron por escrito.
- Rusia ha firmado varias veces el derecho de cada Estado a elegir sus alianzas, y en 1994 garantizó las fronteras de Ucrania.
- El choque político empieza hacia 2007-2008. La ruptura llega en 2013-2014, cuando Europa y Rusia se disputan la economía ucraniana.
- La extrema derecha ucraniana existía y estaba armada, pero nunca superó el 5 % en las elecciones.
- La guerra en el Donbás causó unos 14.300 muertos en ocho años. Según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Rusia controlaba las zonas separatistas desde mayo de 2014.
Por qué esta pieza
La guerra a gran escala empieza el 24 de febrero de 2022, pero la ruptura entre Europa y Rusia viene de lejos. La pieza anterior distinguió entre quienes tenían interés en esa ruptura y quienes la causaron. Aquí ponemos en orden treinta años, con una regla: por cada hecho incómodo para una parte, buscamos también los incómodos para la otra, y damos la palabra primero a los tribunales y a los observadores internacionales, y después a los gobiernos.
1990: la promesa verbal
El 9 de febrero de 1990 el secretario de Estado estadounidense James Baker dijo a Gorbachov, tres veces, que la OTAN no se movería «ni una pulgada» hacia el este. Bush, Kohl, Mitterrand y Thatcher dijeron cosas parecidas. Lo prueban los documentos publicados en 2017 por el National Security Archive.
Pero ninguna de esas frases acabó en un tratado. El de la reunificación alemana solo prohíbe tropas extranjeras de la OTAN y armas nucleares en la antigua Alemania del Este. En 2014 el propio Gorbachov dijo que la ampliación al Este no se discutió en aquellos años; añadió, sin embargo, que Occidente había traicionado su espíritu (Academia Federal de Política de Seguridad de Alemania).
Qué firmó Moscú
- Helsinki 1975 y Estambul 1999: cada Estado elige libremente sus alianzas. La Carta de Estambul añade que nadie debe aumentar su seguridad a costa de la de los demás, el argumento que Moscú siempre ha usado, y que nadie puede considerar una parte de Europa como su «esfera de influencia». Ambas cosas están en el mismo párrafo.
- Budapest 1994: Ucrania renuncia a las armas nucleares exsoviéticas; Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido se comprometen a respetar sus fronteras.
- Acta Fundacional OTAN–Rusia, 1997: ninguna de las partes tiene derecho de veto sobre las decisiones de la otra.
Y fueron los países del Este los que pidieron entrar en la OTAN: Polonia, Hungría, la República Checa y los países bálticos recordaban las invasiones y ocupaciones soviéticas.
De la cooperación al choque
1999. Polonia, Hungría y la República Checa entran en la OTAN. Ese mismo año la OTAN bombardea Serbia por Kosovo sin el visto bueno de la ONU. Moscú no lo olvidará.
2002. Todavía es tiempo de cooperación: nace el Consejo OTAN–Rusia. En esos meses, junto al presidente ucraniano Kuchma, Putin dice que las relaciones entre Ucrania y la OTAN son «un asunto entre esos dos socios» (Kremlin).
2007-2008. En Múnich Putin ataca abiertamente el orden liderado por Estados Unidos. Las advertencias llegan también de Occidente: ya en 1997 el diplomático estadounidense George Kennan había calificado la ampliación como el error más grave de la política estadounidense desde la Guerra Fría (New York Times, 5/2/1997). En febrero de 2008 el embajador estadounidense en Moscú, William Burns, escribe a Washington que Ucrania en la OTAN es, para toda la clase dirigente rusa, la línea roja más nítida (cable publicado por WikiLeaks, Fair Observer).
En abril, en la cumbre de Bucarest, la OTAN anuncia que Ucrania y Georgia «serán miembros» (OTAN, 3/4/2008), pero Alemania y Francia bloquean el camino concreto de adhesión. Resultado: Moscú se siente amenazada y Kyiv se queda sin protección. En agosto estalla la guerra en Georgia; una investigación encargada por la Unión Europea concluirá que Tiflis disparó primero, pero que la respuesta rusa fue más allá de los límites de la defensa (RTÉ, sobre el informe Tagliavini).
Ni siquiera entonces el camino estaba trazado: en 2010 Estados Unidos y Rusia firman un nuevo tratado sobre armas nucleares, y en 2012 Rusia entra en la Organización Mundial del Comercio, con el aplauso europeo (EUI).
2013: dos mercados para un país
La verdadera ruptura nace de una disputa económica. Moscú quiere a Ucrania en su unión aduanera; Bruselas le ofrece un acuerdo de libre comercio. No se pueden tener ambos.
En agosto de 2013 Rusia bloquea durante una semana las mercancías ucranianas en la frontera (OSW). Un asesor de Putin califica de «suicida» la firma con Europa (Reuters vía Moscow Times). En noviembre el presidente Yanukóvich renuncia a firmar; el 17 de diciembre Moscú le concede 15.000 millones de dólares y un descuento de un tercio en el gas (Moscow Times). De ahí nacen las protestas de la plaza del Maidán.
2014: Maidán, Crimea, Donbás
Maidán. Tras tres meses de protestas, en febrero Yanukóvich huye. Solo entre el 18 y el 20 de febrero, en el centro de Kyiv, mueren 73 civiles y 11 agentes (Hromadske). A principios de febrero ya se había difundido una llamada interceptada en la que la diplomática estadounidense Victoria Nuland discutía con el embajador quién debía entrar en el gobierno e insultaba a la Unión Europea (MPR, según AP): Washington quería pesar, y no estaba de acuerdo con Bruselas.
La extrema derecha. Existía y estaba armada. El batallón Azov nace en 2014 y su primer comandante venía de un grupo neonazi; en 2018 el Congreso estadounidense prohíbe financiarlo (The Hill, recogido por el congresista Ro Khanna). Pero en las urnas pesa poco: en 2019 toda la extrema derecha unida obtiene el 2,15 % y se queda fuera del Parlamento (Swedish Institute of International Affairs). Ese mismo año Zelensky, de familia judía, gana con el 73 %.
Crimea y Donbás. En marzo Rusia se anexiona Crimea; la Asamblea General de la ONU declara inválido el referéndum, con 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones (Library of Congress). En abril un grupo armado dirigido por Ígor Guirkin, exoficial de los servicios rusos, toma Sloviansk. Guirkin dirá que «apretó el gatillo de la guerra», aunque admitirá que en verano la mayoría de los combatientes eran de la zona (Moscow Times). En 2025 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció que Rusia controlaba las zonas separatistas desde el 11 de mayo de 2014, y que es responsable del derribo del vuelo MH17 (TEDH, 9/7/2025).
Odesa. El 2 de mayo los enfrentamientos entre proucranianos y prorrusos causan 48 muertos; 42 mueren en el incendio de la Casa de los Sindicatos, donde se habían atrincherado los prorrusos (Kyiv Post). En 2025 el Tribunal Europeo condenó a Ucrania por no haber prevenido la violencia, socorrido a las víctimas ni investigado como debía (TEDH, 13/3/2025).
Los muertos. De 2014 a 2021 la ONU cuenta unos 14.300 muertos, al menos 3.404 de ellos civiles, la mayoría en los dos primeros años (ACNUDH).
Minsk: un acuerdo que nadie respetó
Los acuerdos de Minsk (2014-2015) preveían un alto el fuego, la retirada de armas y fuerzas extranjeras y autonomía para el Donbás. Nunca se aplicaron. En 2022 Merkel dijo que Minsk también había servido para dar tiempo a Ucrania para fortalecerse (TASS, sobre Die Zeit): para Moscú es la prueba de la mala fe occidental. Pero Rusia nunca retiró sus fuerzas, como exigía el acuerdo.
Las últimas semanas
En los días previos a la invasión, los observadores de la OSCE registran un repunte de disparos a lo largo del frente: en Donetsk, entre el 18 y el 20 de febrero de 2022, más de 2.100 violaciones del alto el fuego (OSCE). Cada parte acusa a la otra.
Moscú justifica la invasión con un supuesto «genocidio» de los rusoparlantes del Donbás. En marzo de 2022 la Corte Internacional de Justicia dice no tener pruebas de ese genocidio (CIJ).
Nuestro juicio
Esta sección expresa la posición del sitio. Está separada de los hechos expuestos arriba.
Explicar no es justificar. Occidente dio garantías verbales y luego las desatendió, ignoró a sus propios diplomáticos y en Bucarest eligió el peor camino: anunciar la adhesión sin concederla. Washington intentó influir en el gobierno nacido del Maidán. En Ucrania la extrema derecha armada fue tolerada demasiado tiempo, y en Odesa el Estado fracasó. Son hechos, y un relato honesto debe contenerlos.
Pero Rusia había firmado el derecho de cada Estado a elegir sus alianzas y había garantizado las fronteras ucranianas. Usó el bloqueo comercial para impedir a Kyiv una decisión económica, y después tomó Crimea y el Donbás. Ningún error occidental hace lícita una invasión: la Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza a todos, también a quien se siente amenazado. Es la misma vara que usamos con Washington, y debe usarse también con Moscú.
Qué seguir
- La próxima pieza de la serie: las decisiones europeas después de 2022 y cuánto han costado.
- Las demandas individuales contra Rusia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, abiertas por la sentencia de julio de 2025.
Fuentes: National Security Archive · Academia Federal de Política de Seguridad de Alemania · Carta de Estambul · Kremlin · New York Times, 5/2/1997 · Fair Observer · OTAN, 3/4/2008 · RTÉ, sobre el informe Tagliavini · EUI · OSW · Reuters vía Moscow Times · Moscow Times · Hromadske · MPR, según AP · The Hill, recogido por el congresista Ro Khanna · Swedish Institute of International Affairs · Library of Congress · Moscow Times · TEDH, 9/7/2025 · Kyiv Post · TEDH, 13/3/2025 · ACNUDH · TASS, sobre Die Zeit · OSCE · CIJ
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