NOTICIA
Trump quiere recuperar Groenlandia. Y la OTAN se amenaza a sí misma.
Julio de 2026
Los hechos
El 7 y 8 de julio de 2026, en la cumbre de la OTAN en Ankara, el presidente Trump reiteró la exigencia de que Estados Unidos obtenga el control de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca —miembro fundador de la OTAN desde 1949. Es la repetición de una crisis abierta desde su investidura: a principios de 2026 Trump se había negado a descartar el uso de la fuerza militar para anexionar la isla, amenazando también con un arancel del 25% a los productos europeos si Copenhague no cedía el territorio; el 21 de enero, en el foro de Davos, dio marcha atrás, comprometiéndose a no usar ni la fuerza ni los aranceles. Mientras tanto, el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, había declarado que EE. UU. tiene «el derecho» de tomar Groenlandia, mientras su esposa Katie Miller publicaba un mapa de la isla cubierto con la bandera estadounidense y la palabra «SOON» (pronto), lo que suscitó una condena generalizada. El propio Trump había declarado que «no necesita el derecho internacional» y que se trataba de una elección entre «tomar Groenlandia o preservar la OTAN». En Ankara, Frederiksen respondió: «Somos Estados soberanos y necesitamos que todos, aliados incluidos, respeten nuestra integridad territorial». El ministro de Asuntos Exteriores groenlandés, Múte Egede, escribió que el futuro de la isla «depende de su pueblo, como siempre ha sido y siempre será».
Comentario jurídico
Amenazar con el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado está prohibido por el art. 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, independientemente de quién lo declare. Aquí lo declara el país que lidera la OTAN, contra un miembro fundador de la Alianza nacida precisamente para proteger la integridad territorial de sus miembros frente a amenazas externas. Thomas Crosbie, experto militar del Royal Danish Defence College, ha declarado que un intento de apoderarse de Groenlandia constituiría un acto criminal, y que Dinamarca tendría derecho a arrestar y procesar a los estadounidenses involucrados; las tropas danesas en Groenlandia están legalmente obligadas a defender el territorio nacional en virtud de una orden permanente de 1952. Hay que decirlo con precisión: en su intervención de julio en Ankara, Trump no repitió explícitamente la amenaza de la fuerza —esa se remonta a principios de año— pero reabrió la exigencia de control tras haberse comprometido en Davos a no usarla, en una oscilación que dificulta distinguir la retórica de la amenaza real.
Implicaciones — la prueba de simetría
El criterio aplicado aquí —una amenaza a la soberanía territorial de otro Estado viola el art. 2(4), sea quien sea quien la pronuncie— es el mismo que este sitio aplica a Rusia respecto a Ucrania. No cambia porque lo diga el líder de la potencia que dirige la OTAN en lugar de un adversario declarado: es exactamente el punto ciego que la prueba de simetría sirve para iluminar. Dinamarca no ha respondido con amenazas equivalentes, sino invocando el derecho internacional y la autodeterminación —aquí no hay «ambas partes» que equilibrar.
Fonti: The Hill · US News (AP) · Congressional Research Service · Atlantic Council