NOTICIA
Estados Unidos armó a la rebelión siria durante cinco años, y luego cerró el programa como regalo a Putin
15 de julio de 2026 — Siria/Estados Unidos
El mecanismo: cómo funcionaba, materialmente
De 2013 a 2017, la CIA gestionó "Timber Sycamore", un programa secreto para armar, entrenar y financiar a grupos rebeldes sirios "moderados" contra el gobierno de Bashar al-Ásad. El programa operaba desde dos centros de operaciones —uno en Jordania (Amán), otro en Turquía (Gaziantep y Antioquía)— donde funcionarios de Arabia Saudita, Catar, Francia y el Reino Unido compartían espacio con la CIA. Las armas —fusiles AK-47, morteros, cohetes RPG, misiles antitanque TOW, equipos de visión nocturna— se compraban en su mayoría en los Balcanes y Europa del Este y se transportaban a través de Taşucu (Turquía) y Áqaba (Jordania). Según algunas estimaciones, la CIA entrenó a unos 10.000 combatientes a lo largo del programa, con un costo total superior a los mil millones de dólares.
La lógica estratégica
El programa nació en 2012, propuesto por el director de la CIA David Petraeus, y fue autorizado en secreto por el presidente Obama en 2013. Su objetivo declarado era debilitar a Ásad sin una implicación militar directa de Estados Unidos, apoyándose en un consorcio de aliados regionales —Arabia Saudita, Catar, Turquía— que financiaban y armaban a los grupos rebeldes en paralelo a la CIA, a menudo con armamento ya en circulación incluso antes del lanzamiento oficial del programa en 2012.
El fracaso del filtrado: dónde acabaron las armas
El proceso de selección ("vetting") de los grupos rebeldes, pensado para impedir que las armas cayeran en manos yihadistas, no funcionó. Un estudio trienal financiado por la Unión Europea y el gobierno alemán determinó que los esfuerzos de armamento de Estados Unidos y sus aliados "aumentaron significativamente la cantidad y calidad" de las armas a disposición del Estado Islámico. Funcionarios de los servicios secretos jordanos (el General Intelligence Directorate) ganaron millones de dólares desviando las armas del programa hacia el mercado negro. Muchos de los grupos armados respaldados resultaron tener vínculos con al-Qaeda o con redes salafistas-yihadistas —precisamente el riesgo que el "vetting" debía prevenir.
El fin del programa: un regalo explícito a Putin
A mediados de junio de 2017, Trump decidió poner fin al programa tras una reunión con el director de la CIA Mike Pompeo y el asesor de seguridad nacional H.R. McMaster —días antes de su primer encuentro con Vladímir Putin en el G20 de Hamburgo (7 de julio). The Washington Post reveló la decisión el 19 de julio, citando a un funcionario que la calificó de señal explícita a Moscú para mejorar las relaciones bilaterales. Trump confirmó indirectamente la existencia del programa secreto al atacar en Twitter la cobertura de The Washington Post, calificando los pagos a los rebeldes sirios de "masivos, peligrosos y derrochadores" —desclasificando de hecho públicamente una operación nunca reconocida oficialmente.
Comentario jurídico
El apoyo a grupos armados no estatales implicados en un conflicto interno de otro Estado plantea cuestiones directas respecto al principio de no intervención consagrado en el derecho internacional consuetudinario y la Carta de las Naciones Unidas. La Corte Internacional de Justicia, en el caso Nicaragua c. Estados Unidos (1986), ya estableció que la financiación y el armamento de fuerzas irregulares contra un gobierno tercero constituye una violación del principio de no intervención, con independencia de la naturaleza del gobierno objetivo.
Implicaciones — prueba de simetría
Este sitio ya ha documentado, para Irán (Yemen: 73 empleados de la ONU siguen detenidos arbitrariamente por los hutíes, mientras Hodeidah vuelve a sangrar), Rusia (Malí: el ejército y los mercenarios rusos del Africa Corps componen un cadáver en forma de esvástica tras matar a cuatro civiles) e Israel (Israel permitió y alentó la financiación catarí a Hamás durante años — un mes antes del 7 de octubre pidió más), el mismo esquema: un Estado patrocina a un actor armado no estatal por cálculo estratégico, y ese actor escapa parcial o totalmente al control del patrocinador, con consecuencias que recaen sobre civiles terceros. Timber Sycamore aplica el mismo esquema a Estados Unidos: armas compradas con fondos públicos estadounidenses acabaron, según un estudio independiente financiado por la UE, en el arsenal del Estado Islámico. El hecho de que el programa se cerrara no por sus consecuencias humanitarias ni por el fracaso del filtrado, sino como gesto de distensión hacia Rusia, confirma que la lógica geopolítica siempre prevaleció sobre la evaluación de las consecuencias reales sobre el terreno —exactamente igual que en los tres casos ya documentados.
Fuentes: The Washington Post · Reuters · Al Jazeera · NBC News · Modern War Institute, West Point · Irregular Warfare Initiative