GLOSARIO

Deshumanización: cómo el lenguaje de guerra elimina la inhibición a matar, y por qué su forma más eficaz es fría, no rabiosa

Actualizado el 30 de julio de 2026

Cuando un discurso de guerra llama al adversario “cucarachas” o describe un bombardeo como una “operación quirúrgica”, no se trata de un adorno retórico: es un mecanismo con una función precisa. El término técnico es deshumanización, y su función es eliminar la inhibición natural del ser humano a matar a sus semejantes. Conocer su funcionamiento ayuda a leer con más precisión cualquier pieza de este sitio que analice la retórica bélica de una de las partes en conflicto — cualquiera que sea.

Qué es

La deshumanización no convence a quien la escucha de que la violencia sea buena: lo convence de que el blanco ya no es un sujeto plenamente humano, dotado de reciprocidad. Una vez eliminada esa reciprocidad, la barrera psicológica que normalmente impide matar a un semejante pierde su base lógica. No es un efecto colateral de la guerra: en muchos casos documentados, es una precondición técnica de ella.

Las tres familias de metáforas

El lenguaje deshumanizante recurre, sea cual sea la lengua o el conflicto, a tres familias de imágenes. La zoológico-parasitaria (“bestias”, “cucarachas”, “ratas”) reduce al adversario a una plaga que hay que exterminar. La patológico-médica (“cáncer”, “infección”, “virus”) convierte el matar en una operación quirúrgica o en un acto de higiene social necesario para salvar un cuerpo sano. La burocrático-mecánica (“objetivos”, “infraestructura enemiga”, “daños colaterales”) simplemente borra la carne detrás de un léxico abstracto. Las tres familias no se excluyen: a menudo conviven en el mismo discurso, aplicadas a blancos distintos o en momentos distintos del mismo conflicto.

La cancelación del individuo

Junto con el lenguaje desaparece también la persona singular. La distinción entre combatiente y civil, entre culpable e inocente, se disuelve en una culpa colectiva que cada miembro del grupo adversario encarnaría por el solo hecho de pertenecer a él. La agencia individual se anula: ya no importa quién es esa persona ni qué hizo o dejó de hacer, solo a qué grupo pertenece.

La inversión moral y el vacío jurídico

El acto ofensivo se cuenta al revés: como defensa, necesidad, salvaguarda de la civilización. Quien ataca se percibe — y se narra públicamente — como víctima obligada a actuar para evitar un mal peor. Una vez que el enemigo se define como sub-humano, protecciones como los Convenios de Ginebra pasan a percibirse como un obstáculo burocrático más que como derecho vinculante: el enemigo queda colocado en un vacío jurídico donde la única regla percibida es la eficiencia militar.

La desvinculación moral, según Bandura

El psicólogo Albert Bandura describió el mecanismo psicológico subyacente como “desvinculación moral”, en un trabajo de 1999 que desarrolla su teoría de 1986 sobre el aprendizaje social. Bandura identifica un conjunto de mecanismos cognitivos — justificación moral, lenguaje eufemístico, comparación ventajosa, desplazamiento y difusión de la responsabilidad, minimización de las consecuencias, deshumanización del blanco, atribución de la culpa a la víctima — que permiten a personas e instituciones actuar en contra de sus propios estándares morales declarados sin sentir la culpa que normalmente se seguiría. La deshumanización, en este esquema, no es un impulso aislado: es uno de los mecanismos de un sistema más amplio.

Una señal que el derecho internacional reconoce

El lenguaje deshumanizante no interesa solo a la psicología social: aparece también en la jurisprudencia penal internacional como prueba de intención. El modelo de las “diez etapas del genocidio”, elaborado por el investigador Gregory Stanton para la organización Genocide Watch, sitúa la deshumanización — la etapa en que un grupo es comparado con animales, parásitos o enfermedades — como la cuarta etapa de un proceso que, de no interrumpirse, puede conducir al exterminio. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda lo concretó en su sentencia de 2003 en el llamado “caso de los medios”: el uso sistemático, en la radio RTLM y en el periódico Kangura, del término “inyenzi” (cucaracha) para referirse a la población tutsi fue reconocido como prueba de incitación directa y pública al genocidio, no como simple propaganda de guerra.

El punto ciego: fría, no rabiosa

Se tiende a creer que la deshumanización nace del odio ciego o de la barbarie instintiva. Su forma más eficaz, sin embargo, es fría y burocrática: no requiere que soldados o poblaciones sientan odio hacia el blanco, solo que dejen de reconocerlo como un sujeto capaz de reciprocidad. Cuando el adversario se convierte en un problema técnico o en una ecuación de riesgo que hay que reducir a cero, la barrera moral se derrumba sin necesidad de rabia.

Fuentes: Bandura (1999), Moral Disengagement in the Perpetration of Inhumanities · Bandura, Moral Disengagement (resumen enciclopédico) · Gregory Stanton / Genocide Watch — Las diez etapas del genocidio · TPIR — sentencia Nahimana, Barayagwiza y Ngeze (“caso de los medios”), 2003

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